La bitácora sigue viva. Volvemos tras un largo descanso vacacional y qué mejor manera que poniéndonos al día de lo acontecido hasta ahora.
Juan, el pequeño zahorí, y su inseparable Tula, la hermosa mujer chacal se encuentran el el moribundo planeta Siritinga. Han sido llamados por el impenetrable El-Jormaz, un antiguo mercenario que en la actualidad acapara el poder político y militar en Siritinga.
Para ponernos en situación: Siritinga es un planeta desértico, completamente cubierto por un mar de dunas, a excepción del Desfiladero, una pequeña franja rebosante de vida. Allí conviven dos razas: los Tingar y los Víborx. Estos últimos son seres reptantes que viven en complejos túneles excavados en las profundidades.
Siritinga está enfermo. El flujo bermellón que recorre sus entrañas, fuente de vida y motivo de disputa entre los habitantes, está descendiendo y cada vez son más frecuentes los seísmos en el Desfiladero.
Por lo que Juan sabe, su misión es descubrir qué está pasando con el flujo (lo más parecido a agua que encontrará en el planeta). Sin embargo, desde su llegada ha podido observar misterios y tramas ocultas.
La primera noche fueron envenenados y el primer día fueron atacados por un ejército de víborx y rescatados (o deberíamos decir secuestrados) por Moona Tirrel, princesa Tingar descendiente de gobernantes desterrados.
Durante su estancia en el palacio de Moona Tirrel, apareció El-Jormaz, que había desaparecido en el ataque, convirtiéndose así en el primer superviviente, por dos veces, a las dunas de Siritinga.
La relación de Moona y El-Jormaz es, cuanto menos, compleja. A pesar del cambio de sexo que la primera sufre cada estación, son ardientes amantes en la cama y enemigos mortales fuera de ésta.
En el punto de la historia en el que nos encontramos, el pintoresco grupo se dirige al encuentro de Fliviah Xa-Gorna, la reina de los víborx, con la intención de obtener su parte de los códigos de Siritinga, algo así entre un acuerdo comercial y un conjuro mágico, que mantiene el equilibrio en el planeta.